Un lugar en común

Un lugar en común

"En cuanto a las ideas, el artista es libre de sorprenderse incluso a sí mismo. Las ideas se descubren por intuición. Lo que parezca la obra de arte no es demasiado relevante. Algo tiene que parecer si posee forma física. Pero más allá de la forma que pueda tener al final debe empezar con una idea. Es el proceso de concepción y realización el que interesa al artista. Una vez que el artista dota de realidad física a la obra, ésta queda expuesta a la percepción de todos, incluido el artista". — Párrafos sobre arte conceptual, Sol LeWitt (1967).

El mundo como fuente de ideas y la experiencia estética como lugar en común donde el artista que copia el mundo, lo devora y lo transforma, y el espectador que explora las mismas condiciones materiales que los rodean, surge una comprensión compartida pero distinta; ahí es donde reside la obra de arte. Entendiendo la obra de arte no como el objeto que vemos descansar sobre el muro o tensado por hilos desde el techo, sino como el lenguaje perceptual que logra transmitir.

Los volúmenes y el color que parecen formas reconocibles sin terminar de serlo; formas reconocibles atravesadas por luz que aparentan una suerte de vegetación; vegetación que delinea cómo sobra una casa y aparenta montañas detrás de ella ;líneas que parecen montañas y montañas que terminan siendo paisaje; paisajes que parecen cuerpos; cuerpos trabajados desde la geometría y geometrías que llevan este mundo de las ideas a una estética reducida en sus dimensiones, mas no en su contenido y presencia. Es ahí donde se encuentra el lugar en común: la idea contenida en un cuerpo físico, dispuesta para ser tomada como un juguete y experienciada con la mirada de un niño que habita un imaginario que resulta, a veces, caótico e incluso distópico; pero olvidamos que él solo juega. El niño que, como adultos, aún nos habita, es aquel que termina entendiendo, desde lo sensible, aquello que la lógica no alcanza a comprender.